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Podemos partir con una llave simbólica…

Podemos partir con una llave simbólica que nos entrega Luisa Futoransky para abrir una no tan simbólica caja fuerte cargada de vida a través de vidas. Vidas constructivas destruyendo muros separatistas que sugieren caminos y despiertan supervivencias en todo sentido, reflejando luchas, aciertos, oscuridades, luces y sombras de hombres y mujeres en el “mundo matancero.”
Esta llave nos permite abrir el espacio y el tiempo de ese mismo mundo con la palabra de Fabián Banga con tan sólo “territorio de frontera e imaginario” que lo abarcan todo, pone sobre el tapete una realidad con el interrogante latente “quién domina ese imaginario”.

Un imaginario de cultura propia, con identidad propia. Un imaginario de palabras emergentes de otras realidades. Palabras con poder, con sustento, con arraigo, con testimonio. Se trata de un territorio de frontera con su propia impronta de riqueza cultural, de vida vivida en otro que supera con relatos y poemas un espacio conflictivo y permanente en la resistencia de ser. Superando obstáculos con la certeza indiscutible de la pertenencia.
Cada poeta presenta su “yo” y entabla en esa ubicuidad, con respuestas múltiples un intercambio lingüístico con el otro, con los otros del imaginario del territorio de frontera, una constante conexión histórico-social cuya temática es vigente, está candente, permitiendo así el diálogo imprescindible.
Si están al margen es en esa búsqueda de identidad, como si están al costado cargados de realidades vividas en otro, tan legítima como la establecida por una intelectualidad limitada a cánones establecidos arbitrariamente.
Es ese espacio el que logra el efecto contrario a lo establecido a través del “yo matancero”. Hay una polifonía que plantea ese diálogo de las diferentes temáticas, algunas confluyendo, otras mostrando realidades más personales.
Tanto uno como otro muestran ausencias, silencios, personajes marginales, luchas, desencuentros, aciertos, esperas, denuncias, búsquedas. Es la periferia del territorio de frontera que los une y les permite vislumbrar un mismo tema por ejemplo el tema de “la mujer” o vislumbrar tantos otros temas.

Como el yo poético de Alba en ese carnaval singular mezcla de vergüenza y júbilo, o con su “Amazona vencida”, que desenmascara una cruel realidad.
Como Anahí donde su yo poético es el dueño de situaciones sin tiempo. Ambas aludiendo a la situación femenina, dejando brotar una ternura inmensa en la conciencia de la denuncia y en el amor.
Como Elizabeth que nos describe el cambio de la vida cuando entre líneas leemos la búsqueda eterna del hijo desaparecido, o esa mujer que soporta un destino injusto prisionera en soledades y trabajo impuesto.
Como Gino recordando a la bella inamovible buscando recuerdos y cambios que lo transporten a lo antes bello y acariciante.
Como María con “su muerte de tres días” quien regresa siendo otra, segura, con paso decidido, con transformación necesaria para que su lucha que cambia su destino, sea descubierta y valorada.
Salerno que invoca a la lluvia, al tiempo, al barro en una espera recordando seres fantasmagóricos en espacios oscuros entre sombras, pero el yo poético vino a buscarlos, los necesita para la reconstrucción de la vida, para la reconstrucción de recuerdos.
El tiempo transcurre sin límites, se recicla, sólo los recuerdos perduran, suena en el yo poético de José la denuncia de la desigualdad eterna, el dolor de uno frente a la insensibilidad del otro. Dos personajes con distintos destinos inmersos en el mismo espacio que cruelmente los diferencia.
Omar quien nos invita con un “mate” cargado de silencios, de sueños y soledades. Ese mate es el que abre la ventana para descubrir una existencia de miedos y apuros en el cual el yo lírico nos obliga a la reflexión.
Patricia con su “Grillerío” nos incorpora en la historia, en un ambiente simbólicamente acuoso esperando otro despertar luminoso que ordenará la historia con el mismo destino, con la misma carga natural del viento y del agua.
Pedro que nos aproxima a descubrir la nada, a ser dueños de nuestro propio destino, “a ser nada” a estar a la deriva o a sujetarse a luchar contra la nada de su “Naderear”. Esa nada que se repite en “milenios” en los que nada cambia, donde el hombre inmerso en la vorágine temporal muta en basura. La denuncia explícita del pasar milenios y repetir historias.
O como Víctor quien suma “barrio” a los sentimientos y realidades de todos. Quien suma estaciones y situaciones de los invisibilizados, quien suma carencias extremas de todas las épocas y las deja al vuelo.

La caja abierta del imaginario del territorio de frontera mostró historia con el conocimiento de Martín quien desde el origen de la palabra oral hasta nuestros días nos mezcló en el “Guiso” de la Literatura Matancera sin olvidar momentos, nombres, espacios y tiempos de vida en la Matanza Cultural.

“La caja quedará abierta como una olla guisante literaria para ser siempre abierta a los despertares de una enorme mezcla que nos invita a todos”

Rosa Oviedo. Abril 2017